Hola mundo!
Al abrir los ojos olvidó donde
estaba por unos segundos, cuando por fin lo hizo la tristeza invadió
repentinamente su corazón. Lágrimas en los ojos.
Miró su reloj, era tempano. Noventa
mañanas como esa habían pasado y aun no comprendía del todo por qué ese
sentimiento no se alejaba.
Cada mañana la nube de
recuerdos, personas, ideas, deseos, problemas, dudas y confusión acerca de su
Cuba linda recorrían su mente sin descanso. ¿Cuándo acabaría? ¿Sabría algún día
si había tomado la decisión correcta? ¿Llegaría el momento en que se sentiría
parte del lugar en que estaba? No tenía respuestas.
Esa mañana decidió caminar
al trabajo. El día estaba fresco y nublado, con ese olor a lluvia que agravaba
su melancolía. Antes de salir, se puso los audífonos, quería escuchar una vez
más el disco de Silvio que le había regalado su hijo la noche antes de irse.
Pensar en su hijo era lo
peor, no había vez que lo hiciera que no se le nublara la vista por la
presencia de dolorosas lágrimas de tristeza, distancia y desesperación. ¿Qué
estaría haciendo? ¿Cómo le iría en la escuela? ¿Tendría dinero? ¿Estaría
comiendo bien? ¿Lo vería pronto? Incertidumbre, cruel incertidumbre.
Sumida en esas ideas revisó
su cartera. Una foto de él cuando pequeño la hizo sonreír. Le quedaban 100
pesos, suficientes para escuchar su voz solo por 5 minutos, aun así se alegró. Le
hablaría en la noche.
El ruido de un claxon la
asustó. Aun no se acostumbraba al tráfico,
a casi nada en realidad. Muchos carros, muchas personas, otra cultura,
otra vida. ¿La quería? No.
“ser positivo,
ser positivo”, se repetía a si misma mientras secaba las lágrimas.
A veces las razones que la
habían hecho decidirse a salir de su tierra no
eran suficientes y solo pensaba en sus tardes de domingo en las que lo único importante
era estar junto a los suyos tomando café y jugando
dominó. Pero ¿Y los arreglos de la casa? ¿Y que pasaría con el dinero
que le mandaba a su hijito para que pudiera vivir un poquito mejor? ¿Qué hacer
para garantizarle un mejor futuro estando allá? ¿Como garantizarle una casita?
Tenía que quedarse.
Se detuvo, estaba cansada.
No había dormido bien la noche anterior. Miró a su alrededor, ya solo le
faltaban un par de cuadras.
La música de su MP3 se había
detenido. Quiso escuchar a Silvio una vez más antes de entrar a trabajar.
Comenzó a llover. No apuró el paso. La lluvia era lo único familiar. Imaginó el
mar. Ya había llegado. Miró al cielo para ver las gotas de lluvia caer antes de
entrar al edificio. Cuando saliera de él ya seria noche. El día pasaría rápido.
Se alegró.
Una última lágrima resbaló por su mejilla. Nadie lo notaría, después de todo
estaba lloviendo. Sonrió.
Hermosa y melancólica reseña. Gracias por compartirla Elena!
ResponderEliminarGracias, por todo!
ResponderEliminarme encanta como escribis
ResponderEliminarYo prefiero personalmente un blog de google
Porque te da para mas cambios
Si tenes preguntas escribime a mi email que esta en mi blog
Bienvenida a este maravilloso mundo Y te felicito por tus letras
No sabía que podía tener mi blog a través de google. Muchas Gracias por la retroalimentación. Gracias por la bienvenida y por la ayuda, la necesitare!
EliminarEres bella y escribes lindo
ResponderEliminarGracias! por las dos cosas!
EliminarHola, helena, encontré tu lindo blog, espero que tengas un feliz año, besos
ResponderEliminarpasa a mi blog
Muy wapo Elena, a veces tenemos que escribir sobre la tierra, es cuando salen los sentimientos a flor de piel. Me han dado deseos de escribirle otra vez a Cuba.
ResponderEliminaramo Cuba.
ResponderEliminarCHE