jueves, 26 de diciembre de 2013

Lejanía

Hola mundo!

Escribí esto hace algunos meses cuando mi tía llego a México. Creo que es la primera vez que pude sacar desde la situación de alguien más, un poquito de mi añoranza por Cuba. Aquel cubano que se encuentre lejos y de casualidad encuentre estas letras entenderá.

                                                    


Al abrir los ojos olvidó donde estaba por unos segundos, cuando por fin lo hizo la tristeza invadió repentinamente su corazón. Lágrimas en los ojos.
Miró su reloj, era tempano. Noventa mañanas como esa habían pasado y aun no comprendía del todo por qué ese sentimiento no se alejaba.
Cada mañana la nube de recuerdos, personas, ideas, deseos, problemas, dudas y confusión acerca de su Cuba linda recorrían su mente sin descanso. ¿Cuándo acabaría? ¿Sabría algún día si había tomado la decisión correcta? ¿Llegaría el momento en que se sentiría parte del lugar en que estaba? No tenía respuestas.
Esa mañana decidió caminar al trabajo. El día estaba fresco y nublado, con ese olor a lluvia que agravaba su melancolía. Antes de salir, se puso los audífonos, quería escuchar una vez más el disco de Silvio que le había regalado su hijo la noche antes de irse.
Pensar en su hijo era lo peor, no había vez que lo hiciera que no se le nublara la vista por la presencia de dolorosas lágrimas de tristeza, distancia y desesperación. ¿Qué estaría haciendo? ¿Cómo le iría en la escuela? ¿Tendría dinero? ¿Estaría comiendo bien? ¿Lo vería pronto? Incertidumbre, cruel incertidumbre.
Sumida en esas ideas revisó su cartera. Una foto de él cuando pequeño la hizo sonreír. Le quedaban 100 pesos, suficientes para escuchar su voz solo por 5 minutos, aun así se alegró. Le hablaría en la noche.
El ruido de un claxon la asustó. Aun no se acostumbraba al tráfico,  a casi nada en realidad. Muchos carros, muchas personas, otra cultura, otra vida. ¿La quería? No.
“ser positivo, ser positivo”, se repetía a  si misma mientras secaba las lágrimas.
A veces las razones que la habían hecho decidirse a salir de su tierra no eran suficientes y solo pensaba en sus tardes de domingo en las que lo único importante era estar junto a los suyos tomando café y jugando dominó. Pero ¿Y los arreglos de la casa? ¿Y que pasaría con el dinero que le mandaba a su hijito para que pudiera vivir un poquito mejor? ¿Qué hacer para garantizarle un mejor futuro estando allá? ¿Como garantizarle una casita? Tenía que quedarse.
Se detuvo, estaba cansada. No había dormido bien la noche anterior. Miró a su alrededor, ya solo le faltaban un par de cuadras.
La música de su MP3 se había detenido. Quiso escuchar a Silvio una vez más antes de entrar a trabajar. Comenzó a llover. No apuró el paso. La lluvia era lo único familiar. Imaginó el mar. Ya había llegado. Miró al cielo para ver las gotas de lluvia caer antes de entrar al edificio. Cuando saliera de él ya seria noche. El día pasaría rápido. Se alegró. Una última lágrima resbaló por su mejilla. Nadie lo notaría, después de todo estaba lloviendo. Sonrió.